Una tarde soleada, Elías llegó a casa emocionado. Había invitado a su amigo Joseph a pasar la noche en una pijamada. Joseph era un niño tranquilo pero reservado, con padres extremadamente estrictos que controlaban cada aspecto de su vida.
La pijamada comenzó con risas y juegos en el cuarto de Elías. Los dos niños disfrutaron de una maratón de películas y se rieron hasta que las lágrimas corrían por sus mejillas. Sin embargo, cuando llegó la hora de la medianoche, Joseph comenzó a mostrar signos de nerviosismo.
"¿Qué pasa, Joseph? ¿Estás bien?" preguntó Elías, notando la expresión preocupada en el rostro de su amigo.
Joseph miró hacia la puerta con temor. "Mis padres me han dicho que no debo salir del cuarto durante la noche. Tienen reglas muy estrictas y me castigarían si me descubren".
"¿Qué clase de regla es esa? Bajemos por una merienda" sugirió Elías, tratando de calmar los nervios de Joseph. "Podemos ser muy silenciosos y nadie nos descubrirá".
A regañadientes, Joseph aceptó la propuesta y se deslizaron fuera del cuarto en busca de comida. Sin embargo, cada crujido de la madera bajo sus pies los llenaba de temor, temeroso de que la madre de Elías los descubriera.
"No hagas ruido! Tu madre podría despertarse" Joseph suspiró asustado y nervioso.
"No pasa nada, solo es comida" Elías sonreía al preparar bocadillos para ambos.