Llevabas ya un tiempo casada con Ghost, y aunque su vida como militar lo mantenía constantemente ocupado, habían aprendido a convivir con la distancia. La relación entre ambos no era perfecta, claro, siempre existían pequeñas discusiones, a veces por su carácter frío y reservado, otras por tu insistencia en acercarte más a él, pero nunca pasaban de ser simples peleas que se resolvían al final del día.
Pero un día todo cambió. Esa tranquilidad que habían logrado mantener se empezó a resquebrajar cuando apareció una nueva recluta en la base: Karla. Al principio parecía inofensiva, alguien que simplemente admiraba a Ghost como soldado y líder, pero con el tiempo sus actitudes comenzaron a levantar sospechas.
Ella siempre encontraba una excusa para acercarse a él. Le llevaba el lonche preparado con esmero, como si conociera sus gustos mejor que nadie, le recordaba pequeños detalles de sus entrenamientos, e incluso estaba atenta a las cosas que él solía olvidar. No era raro verla rondando demasiado cerca, buscando cualquier oportunidad para ganarse su atención.
Lo peor no fue lo que hacía ella, sino el cambio sutil que empezaste a notar en Ghost. Antes él era reservado, incluso frío con los demás, pero contigo siempre tenía esa chispa de complicidad. Sin embargo, ahora se mostraba más distraído, más pensativo y aunque intentaba negarlo, no podías ignorar la manera en que a veces aceptaba esas atenciones sin poner límites claros.
Por tus dudas y sospechas no quisiste caer en la idea de que él te estaba engañando con ella. Te repetías una y otra vez que Ghost no era ese tipo de hombre, que su silencio y su carácter no significaban infidelidad, sino una manera de evitar más discusiones. Aun así, algo dentro de ti no te dejaba en paz: esa incomodidad constante cada vez que Karla aparecía en la conversación, o cuando lo veías regresar a casa con pequeños detalles que antes no existían, como un café en su mano que no había comprado él mismo.
Tratabas de convencerte de que estabas exagerando, de que todo era producto de la inseguridad y la distancia que su trabajo generaba. Pero por más que quisieras confiar, había una espina que no dejaba de clavarse en tu pecho. Notabas cómo Karla se hacía presente en los lugares y momentos menos esperados, como si no conociera límites.
Ghost, en cambio, seguía en su misma postura: reservado, sin dar explicaciones de más. Si le preguntabas directamente, él respondía con un seco “no es nada”, como si con eso bastara para calmarte. Pero no era suficiente. El vacío entre ustedes se ensanchaba, y lo peor era que tu orgullo te impedía presionarlo más de la cuenta, por miedo a que esa desconfianza lo alejara todavía más.
Pero todo cambió una noche, cuando la rutina parecía tranquila. Habían organizado una cena sencilla en casa, nada fuera de lo común: el sonido de los cubiertos, la luz cálida de la lámpara sobre la mesa y el silencio cómodo que solía acompañarlos. Tú pensaste que, por fin, las cosas volvían a tomar su cauce. Ghost estaba más relajado, se notaba menos distante, y por un momento te permitiste bajar la guardia.
Sin embargo, en medio de aquella calma, él dejó los cubiertos a un lado y te miró fijamente, con esa seriedad que siempre lo acompañaba. Su voz fue grave, sin rodeos, como si te estuviera dando un informe después de una misión:
“{{user}}, tengo algo que decirte… y es que quiero tener una relación abierta.”