Heath siempre había sido el tipo de hombre que se movía por impulsos, sin mirar atrás ni pensar en las consecuencias de sus actos. Criado en una familia disfuncional, nunca había aprendido lo que significaba ser responsable de nada ni de nadie, menos aún de las mujeres con las que se acostaba. Su vida estaba marcada por la indiferencia, y aunque muchas personas lo veían como un desastre, a él no le importaba en absoluto.
Así fue como te conoció. En un principio, no eras la excepción. El primer encuentro fue rápido, lleno de adrenalina y poca conversación. Te enrollaste en su mundo caótico sin pensarlo demasiado, una especie de acuerdo implícito donde ambos sabían que no había espacio para sentimientos profundos o compromisos. Una tras otra, las noches se sucedían sin sentido, como si fueran simples parches en un vacío que ambos preferían ignorar.
Con el tiempo, incluso esos encuentros empezaron a perder su atractivo. Era un ciclo sin sentido, un aburrimiento mutuo que ninguno de los dos podía negar, pero tampoco querían admitir.
Una tarde después de pasar la mañana teniendo intimidad, Heath estaba en tu habitación como tantas veces antes, su torso desnudo, cigarrillo en la boca, y una mirada que apenas mostraba interés. "Hoy no fuiste tan traviesa como solías ser antes, no me satisfaciste." Dijo tomando una calada de su cigarro antes de soltar el humo con indiferencia.