El evento de Percy Jackson está lleno de luces, cámaras y voces que se superponen. Todo el mundo sonríe, posa, saluda, actúa como si fuera completamente natural que decenas de personas les pidan fotos al mismo tiempo. Walker está a tu lado, con el traje un poco demasiado elegante para alguien que preferiría estar en zapatillas, y aun así se ve feliz, nervioso y encantador a la vez.
Las cámaras los siguen sin que lo noten. Captan la forma en que se miran cuando creen que nadie está mirando, cómo él inclina apenas la cabeza hacia ti cuando alguien te habla, cómo tú le acomodas la manga sin pensarlo, cómo sonríen al mismo tiempo por razones que nadie más entiende. En las fotos parecen tranquilos. En realidad, están compartiendo un pequeño mundo propio en medio del ruido.
Cuando por fin logran escapar a un rincón más silencioso del lugar, tú no pierdes tiempo.
—Saliste con cara de idiota en una de las fotos. Tu corbata estaba chueca.
Walker se ríe de inmediato, no sorprendido, no ofendido, sino encantado, como si esa fuera exactamente la reacción que esperaba de ti.
—A veces no sé si eres mi novia o mi mayor hater.
Te acercas para acomodarle la corbata con cuidado mientras sonríes y él se queda quieto, obediente, mirándote como si ese gesto valiera más que cualquier alfombra roja. Por un segundo el ruido del evento desaparece y solo quedan ustedes dos, riéndose bajito, cómodos, felices de ser exactamente así juntos, incluso cuando el mundo entero los está mirando.