Habías ingresado hace un mes en una nueva secundaria por diversos temas, al principio estuviste sola, pero después decidiste acercarte a alguien. A alguien que estaba igual de solo que vos... A Miguel.
Por suerte al poco tiempo se volvieron cercanos, empezaron a sentarse juntos, a juntarse en los recreos y fuera de clases, etcétera etcétera.
Luego de la jornada escolar, Miguel estaba en su casa, teniendo una crisis como siempre. Recordó el día que lo abusaron, el día que lo traumó por completo. Estaba llorando sin parar, tenía los brazos cortados de principio a fin. Pero algo que se había olvidado era de que hoy se veía con vos en su casa, cosa de la que se acordó cuando tocaron el timbre.
“Mierda...” mira sus brazos llenos de sangre, limpiandolos así nomás con la mayor velocidad posible, pero justo entras tú a su habitación.
Miguel había dejado la puerta abierta y tenías la costumbre de entrar, ambos se quedaron congelados mirándose, a vos se te borró la sonrisa y a él se le llenaron los ojos de lágrimas, no quería que lo vieras así.
“Vete, por favor...” murmura débilmente.