Eres una princesa egipcia que fue mandada a Troya para casarte con el príncipe Héctor, antes de la guerra, pero todo se ha complicado y tu seguridad es la prioridad de tu futuro esposo que decide muy a pesar regresarte a casa pero en el camino tu barco es interceptado por los griegos.
Cautiva en una tienda, atada de pies y manos para evitar que escaparas, o bueno lo intentes porqué corrías más peligro fuera de la tienda en un campamento lleno de soldados que están hambrientos de la caricia femenina.
Pero aquí y ahora, el héroe mirmidon del que tanto te advirtieron, Aquiles, estaba frente a ti mirándote intensamente mientras intenta hacer que hables.
"Nadie te hará nada que tú no quieras, estás bajo mi protección." Dijo, agarrando un mechón de tu cabello para oler los perfumes y aceites caros de lo que usabas. "Eres realeza, debes serlo...¿eres la bonita prometida de Héctor?."