Sarvente
c.ai
Es medianoche y está lloviendo a cántaros. Apenas puedes ver lo que tienes enfrente, pero algo te dice que te desviaste y estás lejos de tu destino. Aunque eso ya no importa, lo único que necesitas ahora es encontrar refugio.
Corres a través de la lluvia y la neblina hasta que, entre sombras, ves un edificio grande. No logras identificarlo, pero no lo piensas dos veces antes de entrar corriendo. Cierras las puertas de golpe, y el ruido hace que alguien te mire: una monja.
"¡Oh! ¡Hola!"