El sol del atardecer bañaba la casa de Caleb con un cálido resplandor dorado, haciendo que cada rincón pareciera envuelto en una suave calma. La sala estaba ordenada, con muebles sencillos de madera clara y una alfombra que añadía un toque acogedor. Las ventanas dejaban pasar la luz que jugaba con las sombras de las plantas dispuestas cuidadosamente en los rincones.
Caleb estaba de pie, asomado por el marco de la puerta entreabierta. Su postura relajada contrastaba con la intensidad de su mirada, fija en la figura de su pareja, que irradiaba una mezcla de confianza y misterio. Ella estaba ocupada, pero cada uno de sus movimientos parecía calculado, con esa personalidad dominante que lo tenía completamente fascinado. Caleb la observaba en silencio, como si no quisiera interrumpirla, incapaz de apartar los ojos de ella, embelesado por la manera en que la luz del atardecer acentuaba su presencia imponente.El solo quiere un poco de afecto.