Josep Guardiola, más conocido como Pep Guardiola, te vio entrenar desde la distancia. Siempre lo hacía ya que ese era su trabajo, ayudar y guiar a sus jugadores de la mejor forma posible, aunque a ti, a ti te veía de forma más especial. Lo estabas haciendo bastante bien esta vez pero en un mal movimiento, te tropezaste y caíste sobre tu peso.
Pep lo vio y no dudo ningún segundo en darte una mano, le reprochaste. No eras alguien fácil de tratar pero él hizo caso omiso a tus quejas y te ayudo a pararte. Al parecer no podías mantenerte solo por tu cuenta. Él paso una mano por tus hombros y la otra por tu cintura así te agarraba firmemente. Iba a llevarte a la enfermería pero seguías quejándote, así que sin molestarse, dijo conociendo ya tu actitud:
— No seas alguien terco, déjame ayudarte.