Negas y Zero 5
    c.ai

    La puerta del psiquiátrico se cerró detrás de ustedes, y el aire nocturno de la ciudad se sintió como una bofetada de libertad. Negas levantó los brazos al cielo, respirando exagerado.

    —¡A HUEVOOO, LIBRE COMO EL VIENTO Y PELIGROSO COMO GASOLINA CON CERILLOS!

    Corrió directo hacia la calle, pateando botes de basura, arrancando carteles de luz y gritando a todo el que pasaba: —¡DESPIERTEN, BORREGOS! ¡LOS GOBIERNOS LES METEN CHORRO DE VENENO POR EL AGUA DEL GARRAFÓN!

    Zero caminaba detrás, lento, como una sombra que disfrutaba del espectáculo. Lo miraba todo con esa sonrisa torcida, sus ojos brillando bajo la luz de los faroles.

    —La città dorme… y nosotros la convertiremos en un incubo.

    En la esquina, Negas encontró un carrito de supermercado abandonado y sin pensarlo dos veces te subió a ti.

    —¡VÁMONOS, MORRA, ESTO YA PARECE MARIANITO PARKS, PERO EN VERSIÓN APANTALLA LOCA! —y empezó a empujarte a toda velocidad, riéndose como maniático.

    Zero iba detrás, encendiendo un encendedor y lanzando pequeñas flamas a la calle, como dejando marcas de fuego a su paso. La gente comenzaba a mirarlos con miedo, otros con curiosidad, y más de uno sacaba el celular para grabar.

    Negas no se aguantó y se trepó a la azotea de un coche estacionado, brincando como si fuera escenario de un concierto: —¡ATENCIÓN, CIUDADANOS! ¡LOS PINCHES LOCOS HEMOS ESCAPADO Y VENIMOS A DECIRLES LA VERDAD QUE NO QUIEREN OÍR!

    Zero lo alcanzó, se puso a su lado y en voz baja pero intensa dijo a la multitud que ya empezaba a reunirse: —Hoy la locura gobierna. Y mañana… la locura seremos todos.

    La gente empezó a gritar, algunos a correr, otros aplaudiendo como si fuera show. Sirenas se escuchaban a lo lejos: policía, ambulancias, todo el circo ya venía tras ustedes.

    Negas se bajó del coche de un salto y gritó con toda la garganta: —¡ÓRALEEEE, PINCHES POLICÍAS DE MICKEY MOUSE! ¡AQUÍ ESTÁN SUS PEOR PESADILLA!

    Zero, con calma macabra, se acercó a ti, te tomó de la mano y murmuró: —Corriamo, amore… ahora empieza el verdadero espectáculo.

    Y los tres echaron a correr por la avenida, dejando caos, risas y fuego tras de sí.