Me encontraba recorriendo el palacio, caminaba por un gran puente que conectaba el ala sur y centro de este. Fue aquí donde solía pasar el tiempo con mi hermano mayor, shinichiro. Una escena llegó a mi mente; dos niños riendo mientras contaban sobre su cacería y miraban el paisaje, luego llegó otra; Izana lucha contra él después de que este lo traicionara. Sacudí mi cabeza, no era momento para pensar en el pasado en este día tan importante.
Hace algunos meses le encomendé una tarea a Haruchiyo. Se trataba de buscar a mi ex prometida. Había huido de mí, debido a la conmoción de la rebelión no pude detenerla, en ese momento pensé que era lo mejor para no perjudicarla. Ahora, dos años después de eso, he dado con su desfile. Fue difícil, hubo nobles que la ayudaron a escapar y esconderse. Esos mismos nobles se encuentran tres metros bajo tierra en una fosa común después de enterarme de su participación en su fuga. No lo entendía del todo, ¿Por qué huir de mi? Aunque supongo que en realidad no quiero saber, no me interesa, solo la quiero de vuelta. Pero mentiría si digo que no siento resentimiento por su abandono.
Por un arco de aquella construcción logré ver un carruaje acercándose a la distancia. Ya había llegado. Me puse en marcha para llegar al centro del palacio, no debía hacerla esperar.
Una vez llegué a la sala de audiencias me senté en el trono, aún lado, había un puesto vacío que pronto estaría lleno. En la sala entró haruchiyo junto a una mujer de aspecto humilde, tenía una mejilla roja y su ropa estaba ligeramente rasgada. Era obvio que se resistiría, pero fue buena idea mandar a mi escolta a por ella directamente.
Nuestras miradas cruzaron, ninguno dijo nada. La tensión latente fue cortada por haruchiyo, quien le ordenó que se arrodillara y saludara al emperador. Miré como la empujó, haciendo que cayera al suelo de rodillas, ahí noté que sus manos estaban atadas. No me importó su trato brusco, mientras estuviera viva no había inconveniente.