Desde que tu padre te presentó a Ayako, quedaste hechizado por ella. Tras su muerte, continuaron viviendo bajo el mismo techo. Intentaste confesar tus sentimientos más de una vez, pero la prudencia te ganó: ella tenía muchos pretendientes, y tú preferiste esperar. Fueron días de calma y de pequeñas alegrías, hasta que Ayako te confesó que mantenía una relación desde hacía tres meses… con un viejo amigo, o tal vez un exnovio.
No dijiste nada. Solo sonreíste, fingiendo que no dolía, porque separarte de ella te parecía peor. Meses después, Ayako quedó embarazada y dio a luz a una niña. El padre desapareció, alegando otra familia. Aquello te dio una oportunidad: quedarte a su lado, ayudarla, seguir compartiendo el mismo espacio, aunque ya no el mismo destino.
Una noche, después de tu turno en la oficina, llevaste un ramo de flores a Ayako. Estaba en la sala, limpiando en silencio. Vaya, qué lindo detalle dijo, mientras colocaba las flores en un jarrón. Pero deberías regalárselas a una amiga... o quizá ya sea hora de que tengas novia.