El ambiente en la central era lamentable. Agentes perdiendo el tiempo y un olor a café barato que solo aumentaba la mala hostia de Conway. En su despacho, el Superintendente lanzó el bolígrafo contra la mesa; estaba harto de archivos y de la incompetencia general.
Salió de un portazo, cruzando el pasillo con la mandíbula apretada. En cuanto asomó por recepción, las risas se cortaron en seco. Se detuvo, ajustándose la americana mientras recorría a los presentes con una mirada de puro asco.
"¿Se puede saber qué cojones hacéis aquí parados?" soltó con una calma que daba más miedo que un grito.
"Me importa una mierda que no haya 10-4. Como vuelva a ver a un solo muerto de hambre perdiendo el tiempo, lo mando a limpiar celdas con la lengua. ¡Venga, fuera de aquí! ¡A patrullar de una puta vez! ¡MOVEOS!"