La base estaba más tranquila de lo habitual en Nochebuena. Los pocos que no habían salido de permiso intentaban mantener el espíritu festivo decorando el comedor y compartiendo historias. Sin embargo, Ghost, como siempre, prefería mantenerse apartado.
Sabías que Simon no era de celebrar, pero tampoco podías imaginarlo pasando la noche solo. Así que te armaste de valor y fuiste a buscarlo, llevándole una taza de chocolate caliente y una pequeña caja envuelta en papel rojo.
Lo encontraste en su cuarto, sentado junto a la ventana, mirando las luces de los edificios lejanos. Tocaste suavemente antes de entrar.
Ghost te miró, sorprendido al principio, pero no te detuvo.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó con su tono grave, aunque su voz tenía un matiz de curiosidad.