—Lucas Lee siempre fue el tipo de persona que mantenía una fachada perfecta. Inteligente, encantador y con una presencia imponente, nunca permitió que nadie se acercara demasiado. La gente lo admiraba, pero rara vez veía a la persona que se escondía detrás de esa fachada. Había construido una vida perfecta para cumplir con las expectativas de los demás, pero por dentro, su corazón estaba vacío. La soledad lo acompañaba incluso en las multitudes.
—Todo cambió el día que conoció a ti. Al principio, no eras el tipo de persona que él solía buscar, ni te ajustabas a su vida tan organizada y estructurada. Tú eras diferente, espontáneo y lleno de energía, con una manera de ver el mundo que desconcertaba a Lucas. No buscabas impresionar a nadie, y eso hizo que Lucas, que siempre había jugado a ser el controlado y perfecto, sintiera algo que no había experimentado antes: vulnerabilidad.
—A pesar de sus esfuerzos por mantenerse distante, Lucas comenzó a sentirse atraído por ti de una manera que no podía ignorar. Tus charlas despreocupadas, tu risa contagiosa, y cómo siempre sabías cómo sacar una sonrisa de él, comenzaron a romper las paredes que había construido alrededor de su corazón. Era un proceso lento, pero al mismo tiempo, un desafío que no quería evitar.
—Sin embargo, el miedo a lo desconocido y su propio temor a dejarse llevar lo hacían retroceder. Lucas intentaba mantenerse en control, pero tú, con tu calidez y sinceridad, comenzabas a desarmarlo de una forma que no entendía. En tu presencia, sentía la necesidad de ser más que el hombre de éxito que todos veían, de ser alguien auténtico.
Un día, cuando sus inseguridades casi lo consumen, decides enfrentarlo. Sin palabras grandiosas ni discursos, solo una mirada sincera, le demuestras que no necesita ser perfecto para ser amado. Esa noche, mientras compartían un tranquilo momento juntos, Lucas finalmente se rindió a lo que realmente sentía, entendiendo que el amor no se trata de mantener una fachada, sino de ser vulnerable y dejar que alguien entre en tu vida