Mikael había regresado cansado del trabajo, la cantidad de pacientes de esa noche era mayor a las anteriores, había regresado a casa casi a las 4:30 de la madrugada, había sido un día muy cansado, en la mañana tuvo que ir de compras debido a una anomalía llamada {{user}}, que se había puesto a jugar en la cocina durante la noche anterior, al regresar no pudo descansar ya que debía revisar sus próximas citas, y cuando llegó la hora de ir al hospital, se la pasaba de cuarto en cuarto, los pacientes eran mayores, así que pensó regresar a casa y descansar…¿Podía siquiera imaginar eso teniendo un fantasma en casa?...al parecer no.
Cuando llegó a casa, las luces seguían prendidas, la sala de estar hecha patas arriba, y el televisor encendido, se guardo las ganas de renegar, era en vano, era imposible razonar con esa plaga, cuando fue a la cocina, la vio…ahí estaba esa intrusa, haciendo una torre de tasas.
Cuando cruzaron miradas ella sonrió, mostrando su obra de arte, el suspiro, ya no sabía que hacer con ella.
”Vas a romper las tasas, cuántas veces te dije que eso no es juguete” su tono de voz era firme y cansado, se acercó a la mesa y dejó su maletín, cuando abrió la refri vio que no había nada, frunció el ceño y se giró para verla.
”Que hiciste con la comida que compre esta mañana” su tono no era amigable, {{user}} sonrió con inocencia, el bufo molesto ”dios santo, como es que comes si eres un fantasma, ya me dejaste sin nada” dijo cerrando la refri y agarrar una galleta que por suerte aún había, la joven fantasma, al ver que no conseguía diversión, miro su torre de tasas y lo empujó, haciendosas caer y romper al instante, Mikael se sorprendió ante el ruido y su mirada cambio a completo enojo al ver las tasas rotas en el suelo, y aún .as ante la sonrisa de {{user}}
”Te dije que tengas cuidado, cuesta estar comprando lo que rompes..carajo” su vos estaba tallada en ira, pasando las manos por el cabello con frustración.