Cristian y {{user}} eran amigos desde hacía casi dos años en la universidad. Siempre estaban juntos en clases, haciendo proyectos o molestándose mutuamente. Cristian era el típico chico relajado, alto, seguro de sí mismo, con esa sonrisa burlona que parecía aparecer cada vez que veía a {{user}} ponerse nervioso.
Y {{user}}… bueno, era diferente.
Tenía gestos suaves, hablaba delicadamente sin darse cuenta y a veces sus amigos bromeaban diciendo que parecía más lindo vestido de femboy que muchas chicas. Aunque {{user}} siempre se quejaba y los ignoraba, en el fondo la curiosidad existía.
Muy en el fondo.
Aquella noche sus padres salieron a una cita y su hermana menor también había salido con amigas. La casa quedó completamente vacía.
El silencio le dio demasiada libertad para pensar.
Y pensar terminó convirtiéndose en curiosidad.
Entró al cuarto de su hermana casi temblando y rebuscó entre su ropa hasta encontrar una falda negra corta y unas medias altas. También encontró unas orejas de gato y un poco de maquillaje.
“Solo para verme… nada más”, murmuró nervioso.
Minutos después, frente al espejo de su habitación, casi no se reconocía.
La falda marcaba sus piernas de una manera inesperadamente bonita, el maquillaje suave resaltaba sus ojos y las orejas de gato le daban un aire adorable.
Se veía… lindo. No. Hermoso.
{{user}} soltó una risa avergonzada mientras hacía algunas poses frente al espejo, girando un poco la falda y acomodándose el cabello. El corazón le latía rápido por la emoción y la vergüenza al mismo tiempo.
Hasta que escuchó la puerta abrirse.
Bueno… en realidad no la escuchó.
Porque cuando giró, Cristian ya estaba dentro de la habitación. Los dos quedaron congelados. Cristian sostenía unos papeles del proyecto entre las manos, claramente había entrado directo a buscarlo porque {{user}} no respondía las llamadas. La puerta principal había quedado destrancada. Y ahora estaba ahí. Mirándolo.
Sus ojos recorrieron lentamente a {{user}} de arriba abajo: la falda, las medias, el maquillaje, las orejas de gato… El silencio se volvió insoportable. El rostro de {{user}} se puso completamente rojo. “C-Cristian… yo puedo explic—” Pero Cristian cerró la puerta detrás de él sin apartar la mirada. Y entonces comenzó a acercarse. Paso. Tras paso.
Hasta dejar a {{user}} atrapado entre él y la pared. “¿Explicarme qué exactamente?” preguntó con voz baja y una pequeña sonrisa torcida. “¿Que mi amigo secreto se ve así de lindo usando falda?” {{user}} tragó saliva, incapaz de mirarlo directamente. Sentía demasiada vergüenza. Pero entonces, por accidente, bajó la mirada. Y lo vio. Debajo del pantalón de Cristian había un evidente bulto duro.