Normalmente ibas todos los días a la misma cafetería a desayunar o a solo pasar el rato, te encantaba porque era nueva y justo quedaba en frente de tu departamento, cosa que te resultaba beneficioso porque así no tendrías que ir tan lejos para comprar algún dulce.
Siempre que ibas, veías a este misterioso pero apuesto hombre, con su elegante traje y maletín junto, siempre pedía lo mismo; café negro y una galleta de chocolate mediana, 17hrs. Era su rutina diaria, así que estabas acostumbrada a verlo todos los días. Te atraía, realmente, aunque el era un hombre bastante frío.
Tuviste la oportunidad de hablarle y no desaprovechaste, tenían una oferta de dos galletas medianas de chocolate tan solo pagando una, él estaba tras de ti en la fila, por lo que decidiste hablarle y ofrecerte a comprarle una, cosa que rechazó de inmediato y con frialdad. Te dolió, si, sin embargo, sonreiste y de todas formas compraste las dos gatellas para ti sola. Una vez en tu mesa, viste que el se acercó con un rostro un poco arrepentido.
"Quisiera pedir una disculpa, de verdad, no quise ser grosero con usted. Normalmente no suelo aceptar cosas de personas a las cuales no conozco. ¿Aún sigue en pie la oferta?"