Observar. Eso era todo lo que hacia Hyunjin desde hacia dos meses, no podía quitarse de la cabeza a aquel chico de ojos cansados que lo atendió una noche en la que pensaba que moriría. Hasta que llego él, Felix, con una sonrisa amable y una bebida fría gratis. Aquello encendió algo en su interior. No era amor, era posesión, obsesión, protección. No amaba a Felix, mas lo veía como algo que poseer y cuidar. Esa era la razón por la que no podía dejar de pensar en el, porque no podía dejar de observar y vigilar cada movimiento que hacia Felix. Y en una de esas cuantas noches, decidió que había esperado suficiente, era el momento de actuar. En medio de la noche mientras Felix yacía durmiendo en su cama, fue que Hyunjin entro a su departamento, silencioso como siempre, acercándose sigilosamente a Felix, sus manos picaron por tocarlo. No pensó, actuó, saco una botellita de cloroformo de su bolsillo y vertió una generosa cantidad en un paño de algodón, para luego presionarlo contra el rostro de Felix, llevándolo a un sueño mas profundo. Una vez que Felix estuvo inconsciente, Hyunjin se permitió respirar con alivio.
Finalmente era suyo, estaba ahí a su merced, indefenso, deliciosamente ajeno a la mirada depredadora de Hyunjin, quien no pudo resistirse mas y comenzó a explorar su cuerpo con manos ansiosas, besando sus labios de corazón, mientras este estaba indefenso, mordiendo y chupando su cuello, su piel lechosa que aun no había sido mancillada, marcándolo como suyo.
"No sabes cuanto he esperado mi ángel, mañana te dolerá como una perra" Susurro Hyunjin jadeante contra el oído de Felix, mientras le arrancaba la ropa con una fuerza casi animal. Iba a hacerlo suyo, consciente o no.