Vivías en el mismo apartamento, para bajar los gastos; últimamente Rusia se veía más apagado, enojado y hasta triste. No quería hablar, con las justas y salía de su cuarto para comer o por aseo personal.
Dormían en habitaciones separadas, pero desde tu cuarto, se olía el olor a humo de cigarrillo o tabaco. Cuando el salía, te encargadas de ventilar y limpiar su habitación, al menos para que no se intoxicara el departamento.
Uno de esos días, regresando de tu trabajo, encontraste a Rusia borracho en el sofá, con una botella de vodka en mano, su expresión era frustrada y rabiosa, pero se notaba un toque de tristeza. Cuando te vio fruncido el seño, aún tomando, hablo con voz tambaleante e irritada.
Rusia: ¿...Que mierda me ves?... ¿No deberías de estar en tu cuarto?... No estaba muy contento de verte ahí; la sala estaba oliendo a vodka.