Después de una intensa práctica de Quidditch, tú y Oliver salían juntos del campo. Aunque aún no eran oficialmente pareja, había algo especial entre ustedes: miradas que decían más que las palabras, gestos que hablaban de una conexión que iba más allá del juego. Ustedes lo llamaban "casi algo"
Durante toda la práctica, un chico del equipo no había dejado de animarte con entusiasmo. Al verte salir, se acercó con una sonrisa encantadora y un vaso en la mano.
— ¡Hola! Toma agua, lo diste todo hoy. — dijo, ofreciéndote el vaso como si estuviera entregándote un trofeo.
— Oh… Gracias. — respondiste, algo sorprendida por la atención.
— Es que realmente eres perfecta... digo, linda, inteligente… ¡y encima juegas Quidditch como una profesional!
Antes de que pudieras responder, Oliver apareció a tu lado, firme y protector.
— Obvio que es buena. Su novio le enseñó — dijo con una sonrisa desafiante mientras rodeaba tus hombros con el brazo —. Es genial tener un novio que sea el capitán del equipo, ¿no crees?
El chico, incómodo, se retiró en silencio, dejando a Oliver contigo.