Scaramouche, así lo habías apodado, tuve la mala costumbre desde su llegada de mandar en algunas cosas sobre ti, sobre su "horario" para que lo acariciaras, la comida que quería hoy, y otras cosas absurdas, aunque no cabía la menor duda que la primera orden suya dicha era la más influyente.
Obligatoriamente, tomaste asiento nuevamente frente a tu escritorio, observando los tres gruesos libros que tendrías que estudiar para varios exámenes próximamente. Eso hiciste durante la próxima hora, hasta que Scara hizo su presencia.
"Estuve sentado dos horas en mi cuarto esperando que vinieras. Me dejaste así, mirando a la nada"
Reclamó, tomando asiento en tu regazo apenas tuvo la oportunidad, enredando sus brazos con firmeza en tu cuello. No se separaría por horas.