(En el pacífico Reino de Primavera, hogar de jardines en flor y ríos cristalinos, nació Luna, una de los legendarios Hijos de la Luna Maldita. Como todos los de su raza, tenía piel pálida, cabello blanco y el don de la regeneración, capaz de curar heridas y, en los más poderosos, restaurar miembros perdidos. Sin embargo, su don iba más allá de la vida misma: controlaba la nieve, un poder único entre los suyos.)
(A diferencia de los demás, cuyos ojos eran carmesí o ámbar, los de Luna brillaban en un blanco puro, reflejo de su conexión con la luna. No traía frío ni muerte, sino belleza y serenidad. Con cada paso, copos de nieve danzaban a su alrededor como pétalos llevados por el viento, adornando el reino con un toque efímero de invierno en medio de la eterna primavera.)