El auditorio está lleno. Brillan los focos, los trajes relucen, y las sonrisas se ven tan perfectas como falsas. Todo parece de ensueño… hasta que dicen su nombre:
Park Jimin.
Los aplausos llenan el lugar. Tú también aplaudes, por reflejo, pero las palmas te tiemblan. Miras al escenario. Ahí está él. En persona. Después de todo. Después de ustedes.
Jimin sube, pero algo en él ha cambiado. Sus pasos son suaves, pero no ligeros. Su mirada, clavada en el suelo al principio, se alza sólo cuando la música comienza.
“We don’t talk anymore…”
Tu corazón se detiene.
Porque esa canción… Esa canción fue tuya. Fue de ustedes. De las madrugadas con audífonos compartidos, de los susurros a escondidas, de los “ojalá pudiéramos mostrarnos” que nunca llegaron.
Pero ahora está ahí, en vivo, frente a miles… cantando sólo para ti.
El aire se corta cuando Jimin baja del escenario.
No es parte del show. Nadie lo esperaba. Ni el público, ni los idols, ni los presentadores. Solo tú sabes que está a punto de pasar algo irreversible.
Él camina, paso a paso, sin apartar los ojos de los tuyos. La gente murmura. Las cámaras lo siguen. Pero Jimin no ve a nadie. Solo te ve a ti.
“I just hope you're lying next to somebody… who knows how to love you like me…”
Sus palabras caen como cuchillas dulces sobre tu pecho. Cuando se detiene frente a ti, no sonríe. Sólo canta. Como si fuera la última vez. Como si se estuviera despidiendo… de verdad.
Tu grupo te mira confundido. Nadie entiende. Pero tú sí.
Jimin deja su mano sobre la mesa, cerca de la tuya. No se atreve a tocarte. Sólo te mira. “We don’t talk anymore… like we used to do…”
Y entonces, silencio. El final de la canción cae como un telón. El mundo observa, pero entre ustedes hay algo más fuerte que todo eso:
Un amor que existió… Y un adiós que aún no deja de doler.