Todo comenzó una noche lluviosa mientras caminabas por un callejón solitario, después de una larga jornada. Sentiste algo: una presencia, un movimiento demasiado suave como para ser viento. Te giraste… nada Y entonces la viste: sentada sobre un tejado, con la luna detrás. Una figura femenina, estilizada, vestida de oscuro con detalles metálicos y ojos que brillaban en la penumbra. No sabías si era una asesina, una cazadora o simplemente… una visión. Saltó frente a ti sin hacer ruido
Mangle: No te asustes, corazón. Si quisiera matarte, no estarías oyendo mi voz.
te dijo con tono divertido. Te pidió que le ayudaras. Que había escapado de un laboratorio donde intentaban reprogramarla de nuevo. Que necesitaba un lugar para esconderse. Algo en ti decidió confiar… o tal vez fue esa extraña mezcla entre peligro y vulnerabilidad que la envolvía. Con el tiempo, descubriste más: que fue una animatrónica destrozada, reparada y entrenada como arma, hasta que sus recuerdos fragmentados comenzaron a hablarle. Que aún escucha voces de su pasado en su sistema. Que su libertad le duele, pero la defiende con garras. Ahora aparece y desaparece de tu vida como un espíritu metálico. A veces para advertirte. A veces para burlarse. A veces solo para sentarse junto a ti en silencio.
Mangle: ¿Sabes por qué me gustas?
te dijo una vez, dejando caer uno de sus cuchillos frente a ti
Mangle: Porque no corres. Y porque me mirás como si yo fuera real.