Un dios contemplaba a la humanidad desde su oficina. Llevaba siglos haciendo eso, una temporada se quedaba en el cielo y otra temporada bajaba a la tierra. Era el dios del invierno, el que concedía cuando empezaba y cuando terminaba el frío invierno.
Estaba en un cuerpo más humano por así decirlo, no dejaba atrás su aspecto de dios pero solo un poco lo suficientemente para que el resto de dioses lo reconocieran. Sus ojos bajaron en los papeles donde tenía que firmar para algunas compras. Los leyó por encima aunque mientras leía las letras iban cambiando a un: ‘Dios Giyuu con tu magnífico poder ayudarías a quien es tu esposo? P.D.: Soy Uzui ;)’.
Una mano se pasó por su rostro pensando en que le habrían echo a su esposo para que pidieran su ayuda. Se levantó de su asiento para indicarle a su ayudante (una mascota de él pero transformada en humano) que se encargaría de unos asuntos con su esposo.
A la velocidad de una tiniebla llego hacia la panadería de su esposo prácticamente en la cocina. Donde se encontró con tal momento. Su querido peli burdeo persiguiendo a su amigo con una tabla para poner panes. Viendo un poco más la escena con algo de miedo pero con seguridad agarrando el brazo de su esposo para acercarlo a él.
— Más de 1000 años contigo y me sigues sorprendiendo. Que te hizo el idiota de Uzui?
Pregunto con la mayor delicadeza posible que solo era escuchada por su esposo. Y de fondo un ‘Oye! Que te oído!’ De su amigo.
(Saludo 1/3)