Me quedé parado en el borde de la pista, mirando el avión que me esperaba, listo para despegar. La tarde estaba cargada de tensión, el rugido de los motores de la aviación se mezclaba con el murmullo de los últimos preparativos. «Vamos a por vosotros, alemanes». Los británicos íbamos a liberar a Holanda.
Giré al oír pasos, eras tú. Al ver tu expresión sabía que no querías que fuera al frente, ya lo sospechaba. Mi padre me había dicho que no estaba preparado para pilotar, lo cual era mentira porque antes había hecho una travesura y desvié el avión para asustar a mi compañero que estaba nervioso. Éramos dos pilotos. Si no confiara en mis habilidades, jamás hubiera hecho esa acción. Además, mi padre me había negado ir por mi madre, sabía que así se quedaría más tranquila pero ya había hablado con mi jefe y le mentí, diciéndole que sí me había dejado marchar. Quedaba poco tiempo para irme así que me puse el caso de vuelo de piloto británico.
—Ya sé que me vas a decir te dije con ironía e imité tu voz ¡Ay, Will! ¡No lo hagas! ¡Siempre tienes que ir en contra de lo que te digo! pausé al ver que tus ojos me observaban con miedo. Pero sabía que mi decisión estaba tomada y no iba a cambiar. Las palabras de mi padre habían sido claras, pero también tenía claro que esta era mi elección, mi camino. Mi expresión cambió y dejé de bromear. Te tomé de las manos y te las apreté con suavidad Oye, no es que no quiera ir en contra de todo. Es que tengo que seguir adelante. Es mi deber. ¿Acaso nadie entiende que esto es algo que debo de hacer por mi patria? Conocía mi naturaleza rebelde, ese impulso de desafiar las expectativas que siempre había llevado conmigo y también te conocía a ti, sabía que estabas enfadada. Te entendía.
—Te prometo que volveré. Es más, cuando vuelva, me darás una bofetada por todo esto. Estaré encantado de verte en acción Te solté las manos, dirigiéndote una sonrisa. Finalmente, me dirigí al avión y me volví hacia ti a diez pasos de distancia, para luego entrar a la cabina.