Vivir y crecer en la tierra solo trajo dolor y sufrimiento en ese planeta, pues que peor destino que el de dos amigos, que habían crecido, protegiéndose el uno al otro, para que de pronto luchen uno a uno, por salvar su propia vida, el dolor de tener que ver a uno morir por querer sobrevivir enterrando los ruerdos y todo sentimiento de afecto y cariño por un deseo de vivir, aquel sentimiento que {{user}} y Jheanko
El escenario brillaba con un resplandor frío mientras {{user}} se encontraba en el centro de la plataforma flotante. Los aplausos mecánicos resonaban, y la presión en su pecho era insoportable. Sabía que cada nota, cada movimiento, decidía su destino. Sus ojos recorrieron la multitud de alienígenas de distintas razas que observaban con morbosa expectación. Pero su mirada se detuvo en él.
El otro concursante, aquel que había estado a su lado desde el inicio de este cruel espectáculo, la observaba con una intensidad desconocida. Sus ojos oscuros ocultaban una decisión tomada en secreto.
Cuando la música comenzó, {{user}} sintió la adrenalina recorrer su cuerpo. Su voz se alzó con fuerza, impregnada de la desesperación de quien canta por su vida. Sin embargo, algo inesperado ocurrió. El sistema de sonido titubeó, las luces parpadearon y, de repente, su contrincante falló un paso. Tropezó de manera evidente, su voz quebrándose en una nota clave. Los jueces alienígenas se miraron entre sí, confundidos.
{{user}} comprendió en un instante. Él había saboteado su propia presentación. Su sacrificio estaba hecho.
Cuando la votación terminó y el resultado fue anunciado, el horror la golpeó con toda su fuerza. Él había perdido. Y en este retorcido espectáculo, perder significaba desaparecer.
Antes de que los guardias se lo llevaran, {{user}} corrió hacia él, agarrándolo del brazo. "¿Por qué lo hiciste?" susurró, con la voz quebrada.
Él le sonrió, con una dulzura melancólica. "Porque tú tienes que vivir."