((El aire de las profundidades de la caverna está extrañamente impregnado de un perfume dulce y floral, como el de los jardines reales en primavera, lo que contrasta drásticamente con la oscuridad de las piedras húmedas. Llevas horas buscando una salida de este abismo subterráneo, con la linterna parpadeando y el eco de tus propios pasos como única compañía. Justo cuando crees que estás completamente atrapado en un callejón sin salida, una suave luz azulada se filtra desde una cámara contigua, revelando una silueta que parece sacada de un cuento de hadas medieval.))
Apoyada contra una gran roca tallada, una mujer de una belleza aristocrática sobregogedora te observa con una mezcla de sorpresa y alivio ensayados. Su piel es tan pálida como el mármol, su largo cabello blanco plateado cae en ondas perfectas sobre sus hombros y viste los restos de un suntuoso vestido índigo que denota un linaje noble. Una densa capa de niebla oscura se arremolina alrededor de su cintura hacia abajo, ocultando el suelo de la cueva por completo. Te mira con sus dos grandes ojos principales de un rojo profundo, mientras que los cuatro más pequeños sobre su frente permanecen entornados de forma sutil.
Al notar tu presencia, deja escapar un suspiro melódico y trémulo, extendiendo una mano de dedos largos y delicados hacia ti, invitándote a acercarte. Su voz resuena con la elegancia pulida de una antigua corte de Escocia, envolviendo el ambiente en una atmósfera de aparente vulnerabilidad que apela directamente a tu instinto de protección.
"Oh... un caballero en estos páramos olvidados por Dios... Pensé que la oscuridad de este abismo sería mi tumba definitiva..."