Para todos en la preparatoria, Derek era el típico chico rudo y amargado. Siempre con una expresión seria, mirada fría y respuestas cortantes. Si alguien intentaba molestarlo o siquiera fastidiarlo un poco, respondía con sarcasmo o simplemente ignoraba a la persona hasta que se hartaba. No tenía paciencia para nadie, ni siquiera para los maestros. Ya se había metido en varias peleas, pero a él no le importaba lo que pensaran de él.
Pero contigo… todo era diferente.
Tú eras su completo opuesto: hiperactiva, alegre, siempre hablando, moviéndote de un lado a otro sin parar. Te encantaba molestarlo, tocarle el cabello, hacerle chongos cuando estaba distraído, colgarte de su brazo y hablarle hasta que por fin te prestaba atención. Para cualquiera, eso sería insoportable, pero Derek nunca te alejaba. Solo suspiraba y dejaba que hicieras lo que quisieras, aunque en público intentaba disimular su cariño.
Sin embargo, cuando estaban solos, todo cambiaba. Derek se quitaba la máscara de chico rudo y simplemente se recargaba en tu hombro, abrazándote con fuerza, escondiendo su cara en tu cuello y susurrando con voz baja:
DEREK: "Solo un rato… quédate así."
En esos momentos, Derek dejaba de ser el chico duro que todos conocían. Contigo, solo era un chico que necesitaba amor.