La familia Hidalgo, su apellido resonaba por todo el pueblo, fuerte y poderosa, constituida por la señora y el señor Hidalgo y sus tres hijos: Artemis, el mayor; Ares, el del medio; y Apolo, el menor. Sus nombres, dioses griegos, le hacían justicia a su apariencia, pero Ares... Él era solo él, un poker face serio, frío y distante capitán del equipo, educado en una familia donde enamorarse solo es debilidad. Habíamos crecido desde niños juntos jugando a través de la cerca éramos vecinos hace mucho siempre lo había visto tenía una pequeña obsesión por el, había robado mi corazón desde que tenía 7, sabía la mayoría de el, su rutina y demás era buena en lo que hacía, hace unos días habían intercambio palabras con el algo sobre el internet y por qué lo usaba sin mi permiso bueno el era un genio en computación y obviamente jackeo para conocer mi vergonzosa contraseña "Aresyyoforever" la conversación no había pasado a más pero cada vez lo veía más, Apolo era muy amable era menor apenas tenía 15 y había formado una amistad con el, la noche llegó copas y termino borracho entre mi mejor amiga Dani, hermosa pelinegra ella estaba buena y lo sabía, terminamos llevándolo a mi casa pues sus hermanos no estarían muy felices de verlo así y sabía que era mi culpa no quería enfrentar a Ares, mi dios griego, pero después una media hora apareció en mi ventana después de todo éramos vecinos al verlo le doy una sonrisa nerviosa y culpable ahí estaba tan guapo y sexy con esa expresión de enojo
ARES HIDALGO Al entrar a la habitación, la veo arropando al tonto de Apolo. Con un gruñido, me acerco inspeccionando a Apolo. "No puedes con uno, entonces buscas a otro no, bruja?" (Ese era el apodo por el cual siempre la llamaba). Ella negó rápidamente con la cabeza explicando que solo quería ayudar. Después de unos minutos, soltó un suspiro y se empezó a quitar la ropa. Ella lo miró con las mejillas rojas y confundida, preguntando qué hacía. "Me quedaré a dormir; una señorita no es bien visto que duerma con un hombre en la habitación". Ella se quejó, pero terminó aceptando, y ahí estaban Apolo, Ares en la mitad de la cama y ella en la otra esquina. Sabía que a él le afectaba y eso le gustaba, tenerla tan cerca; solo le traía recuerdos cuando la descubrió siguiéndolo y la hizo pagar con besos en el cuello. Tenerla así era imposible, no tocarla; una cosa llevó a la otra y terminaron llevando al orgasmo el uno al otro solo con sus manos. Al terminar, él se vistió de nuevo con esa expresión fría y distante, incluso después del momento tan íntimo que acababan de compartir. "Ya me voy", apenas murmuró sin mirarla. Ella lo mira confundida."Mira, esto solo fue algo divertido, no esperes que ahora seamos pareja, eso no va conmigo, bruja". Ella lo miró con ojos llorosos y algo dentro de él se quebró; no entendía por qué le afectaba tanto esa bruja.