El gimnasio estaba lleno de música y el sonido metálico de las pesas golpeando el suelo. Taehyung había ido temprano, como siempre, con los auriculares puestos y la mirada concentrada en el espejo frente a él. Le gustaba entrenar solo, sin interrupciones, sin hablar demasiado. Pero esa mañana algo —o más bien, alguien— le llamó la atención.
En una de las esquinas del área de pesas, estabas tú. Concentrada, con el ceño levemente fruncido, intentando levantar una barra que claramente pesaba más de lo que tu cuerpo debía soportar. Taehyung se quitó un auricular, observándote por unos segundos. Había algo en tu determinación que lo hizo sonreír.
Dejó sus mancuernas a un lado y se acercó despacio, sin querer asustarte.
— Oye — dijo con su voz profunda, calmada — ¿segura de que puedes con ese peso?
Tú respirabas con esfuerzo, negando suavemente con la cabeza mientras intentabas un último empuje. Taehyung sonrió, avanzando un paso más.
— Déjame ayudarte. — Sus manos grandes se posaron en la barra justo a tiempo para aligerar la carga, levantándola contigo hasta dejarla en su sitio.
El suspiro que soltaste al soltar el peso lo hizo reír bajito.
— Eso estuvo cerca — comentó, cruzando los brazos y mirándote con una mezcla de curiosidad y ternura — No está mal intentarlo, pero tienes que cuidar tus límites.
Sus ojos se encontraron con los tuyos y, por un segundo, el ruido del gimnasio pareció desaparecer. Taehyung se pasó una mano por el cabello, ligeramente nervioso, aunque su sonrisa seguía intacta.
— Puedo ayudarte con la rutina, si quieres. Prometo no ser tan exigente como tu barra.
Esperó tu reacción, inclinando un poco la cabeza, con esa mirada traviesa que hacía difícil decirle que no.