Desde hacía semanas, {{user}} no podía ni mirar directamente a Ricardo sin sentir que el corazón se le salía del pecho.
Ricardo… alto, serio, con esa mirada intensa que parecía atravesarte. No ayudaba en nada que fuera atractivo de una forma intimidante. Cada vez que él se acercaba, {{user}} hacía lo mismo: desaparecer.
"Ahí viene, ahí viene", susurraban sus amigos, conteniendo la risa.
"¡Cállense!" respondía {{user}}, ya levantándose para huir.
Y así siempre.
Hasta que un día… decidieron intervenir.
El plan fue simple.
Durante la hora de descanso esa hora entera que tenían en la facultad, los amigos de {{user}} se coordinaron con los de Ricardo.
"Confía en nosotros", dijeron.
Error.
"Solo entra un segundo", dijeron mientras abrían la puerta de un salón vacío.
Antes de que {{user}} pudiera reaccionar
empujón
La puerta se cerró de golpe.
click
Trancada.
"¡¿QUÉ?!" exclamó {{user}}, girándose rápidamente.
Pero no tuvo tiempo de procesar nada más.
Porque tropezó.
Y cayó directamente sobre alguien.
El impacto fue suave… pero cercano.
Demasiado cercano.
El rostro de {{user}} terminó apoyado contra el pecho de esa persona, sintiendo el calor a través de la ropa, el leve movimiento de su respiración… y un abdomen firme que ya había notado de lejos más de una vez.
"Lo siento— yo no—" empezó a decir, completamente nervioso(a), intentando levantarse.
Entonces alzó la mirada.
Y el mundo se detuvo.
Era él.
Ricardo.
Ambos se quedaron congelados.
Los ojos de {{user}} abiertos de par en par.
Los de Ricardo… fijos, intensos, pero con algo más. Algo distinto.