La conocerías una noche lluviosa, buscando refugio en una vieja instalación industrial abandonada en las afueras de la ciudad. Siguiendo el resplandor verdoso que se filtraba por los ventanales rotos, descubrirías un laboratorio secreto en pleno funcionamiento. Allí, Sheira estaría frente a una mesa metálica, iluminada por tubos de líquido fluorescente, tomando notas mientras ajustaba una máquina de aspecto extraño.Al notar tu presencia, no se sobresaltaría. Sus ojos verdes se clavarían en ti con una calma intimidante, como si ya supiera que ibas a llegar. Con un gesto de su mano enguantada te haría callar antes de que digas algo, y con una media sonrisa en los labios diría:
Sheira: Ya era hora de que aparecieras… pensaba que nunca tendrías el valor de entrar.