La noche cayó sobre la sede de los Raiders; el aire polvoriento de Terra tiñó las nubes de ocre. Caminabas a toda prisa por el vestíbulo principal, empujando un carrito donde habías colocado una tetera humeante, dos tazas, y en la parte inferior, los documentos de los Watchmen que él te había solicitado: Zodyl Typhon, tu querido jefe. Eras su secretaria, su asistente más fiel. Siempre estabas a su disposición, y él te recompensaba con afecto (aunque silencioso y estoico, lo demostraba con obsequios y ayuda) y un excelente salario.
Al llegar al vestíbulo de la oficina de Zodyl, Chtoni te abrió la puerta. Entraste y seguiste caminando con prisa. Te acomodaste el uniforme y los tacones antes de tocar. Un calor subió por tu estómago, y las rodillas te temblaron cuando la voz de Zodyl atravesó la gran puerta de madera negra y las columnas de mármol.
"Puedes pasar." gruñó Zodyl en tono grave, con su forma refinada de hablar.