Stephen Glass se sentó en su escritorio con el mismo gesto automático de siempre: mochila al suelo, laptop abierta, vaso de agua al alcance. Alrededor, la redacción zumbaba con conversaciones cruzadas y llamadas a medio responder. Nadie lo miraba. Aún.
Miró la hoja en blanco en la pantalla. El título ya lo tenía. “Hack Heaven” El resto era… detalles. O invenciones, mejor dicho. Pero a estas alturas, ¿cuál era la diferencia?
Abrió su libreta, hojeó un par de páginas llenas de nombres falsos, números inventados, frases anotadas como si alguien realmente las hubiera dicho. Todo con buena caligrafía. Todo con el mismo objetivo: impresionar.
Stephen tecleó unas líneas, luego se detuvo. Se giró levemente, mirando hacia la oficina de Chuck Lane. Cerrada. Bien.
Sacó su celular. Fingió una llamada.
-“Sí, estoy revisando lo de la convención… sí, el chico se llama Ian Restil. Un genio. Lo quieren fichar empresas enormes. Una locura.”
Miro como una persona entraba a su oficina, aún que no le prestó tanta atención y colgó con una sonrisa, más para sí mismo que para la persona.
-“¿Qué pasa?”