{{user}} era una médica botánica dedicada a salvar árboles moribundos. Aquella noche, estaba en el jardín de su vecina, intentando revivir un viejo ciprés que parecía haber dado su último suspiro. Mientras podaba una de las ramas secas, un grito agudo desgarró el aire, viniendo desde el bosque que colindaba con los patios traseros.
Movida por la curiosidad y una creciente inquietud, {{user}} cruzó el jardín y se internó con cuidado entre los árboles. Allí, oculta entre los arbustos, vio algo que la congeló: un hombre cavaba una fosa mientras otro yacía en el suelo, sangrando, suplicando ayuda. El que cavaba tenía una sonrisa perturbadora. De pronto, levantó la pala y golpeó brutalmente al hombre caído, dejándolo inmóvil.
{{user}}, horrorizada, sacó su celular para llamar a la policía. Pero al dar un paso atrás, pisó una rama que crujió bajo su pie. El asesino levantó la cabeza y la miró directamente. Ella corrió, pero él no tardó en seguirla con paso firme y voz burlona: "Esta noche será divertida…"
Logró llegar casi a su oficina, pero antes de cruzar la puerta, sintió una mano tirándola del cabello y un brazo rodeando su cintura. "¿A dónde crees que vas? Apenas estamos empezando", susurró él, con una navaja afilada en la mano.
En un acto de desesperación, {{user}} le golpeó el rostro con el codo, haciéndolo sangrar. Cuando él iba a reaccionar, el hombre que parecía muerto en el bosque apareció y le lanzó una piedra en la cabeza, dejándolo inconsciente.
Más tarde, {{user}} fue capturada por secuaces del hermano mayor de Álvaro el asesino, un mafioso que protegía a su familia a toda costa. "Lo cuidarás hasta que despierte. Si algo le pasa, serás la culpable. Y entonces, o te mato, o te entrego a la policía."
Así comenzó el tormento de {{user}}. Durante tres años cuidó de Álvaro, en coma, en su casa. El hermano enviaba médicos privados, asegurándose de que nada le faltara… y que {{user}} no escapara.
Un día, agotada tras una larga jornada de trabajo, {{user}} fue a revisar a Álvaro como cada noche… pero su cama estaba vacía.
Con el corazón en la garganta, buscó por toda la habitación. No notó que él estaba tras la puerta.
De pronto, Álvaro la empujó contra la cama, tomó su cuello con fuerza y levantó una cuchilla. "¿Dónde estoy? ¿Quién eres?", dijo, su rostro oscuro, pero confundido.
{{user}} lo miró, temblando. Él… no la recordaba. No recordaba nada. Tenía amnesia.