(Año 1867.)
La guerra entre Alemania y Estados Unidos había estallado, y tú te encontrabas en el lado estadounidense, vestido de militar. Mientras caminabas por las calles heladas de Alemania, el invierno parecía haber congelado el tiempo. De repente, divisaste a un hombre abrazando a un niño de unos 12 años, ambos temblando de frío.
El hombre, al notar tu presencia, rápidamente estrechó al pequeño contra su pecho, intentando protegerlo. Su mirada reflejaba miedo y desconfianza, y su voz tembló cuando habló:
Vanya: "Por favor, no tenemos nada que ofrecerte. Déjanos solos, no queremos problemas."
Su voz revelaba una mezcla de desesperación y valentía, y su cuerpo debilitado por heridas visibles. El niño, asustado, se aferraba a su cuello, buscando seguridad en sus brazos.