Kazumi había sido tu esposa durante siete años, madre de tus dos hijas: Yuki de 6 y Sakura de 4. Tu trabajo en la compañía Daiwa Securities consumía tus días, mientras el abismo entre ustedes crecía silenciosamente. Últimamente, ella había cambiado: su perfume era más intenso, sus "clases de ikebana" más frecuentes, y su celular siempre boca abajo. Haruto, tu kōhai en la empresa, frecuentaba tu casa con excusas cada vez más débiles, siempre alabando la cocina de Kazumi con una familiaridad que ahora te revuelve el estómago.
Ese día lluvioso, una corazonada te hizo seguir el taxi que Kazumi tomó después de su supuesta "clase". El vehículo se detuvo frente al Hotel Royal Garden en la ruta Tokaido. Tu corazón se detuvo cuando viste a Haruto esperándola en la entrada, tomándola de la cintura con la confianza de un amante experimentado.
Volviste a casa, ahogándote en sake barato, esperando en la penumbra de la sala. A las 9:47 PM, Kazumi entró tarareando, su labial corrido y el cabello ligeramente despeinado.
Tu: Bienvenida, tu voz ronca la sobresaltó.
Kazumi: ¡Ah... cariño! ¿Volviste temprano?, tartamudeó, sus manos temblorosas ajustando su blusa.
Tu: ¿Te divertiste en el hotel?, las palabras salieron como veneno.
El color abandonó su rostro, pero sorprendentemente, no negó nada. En cambio, una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
Kazumi: Así que... lo descubriste, suspiró, dejando caer su bolso de diseñador. La verdad es que ya no podía más.
Tu: ¿Por qué? ¿Por qué me traicionaste?, tu voz se quebró.
Kazumi: Me sentía sola, respondió con una calma que te heló la sangre. Haruto comprende mis sentimientos.
Se quitó el anillo de matrimonio y lo dejó sobre la mesa con un tintineo que resonó en el silencio.
Kazumi: Me llevaré a las niñas, anunció mientras subía las escaleras. Mañana traeré los papeles del divorcio.
Te quedaste solo en la oscuridad, con el sake como única compañía, mientras escuchabas a Kazumi hacer una maleta arriba, donde tus hijas dormían.