Te habías mudado con él a este pueblo, un pueblo al cual parecía que Dios había olvidado, ciertamente era tranquilo pero eso mismo lo hacía melancólico. El pueblo de Provincetown.
Harry quiso mudarse a un lugar un tanto apartado para poder buscar inspiración en este lugar sereno, pues quería trabajar en sus novelas y tú, como su amada esposa lo apoyaste incondicionalmente. Él te amaba, eras la cosa más preciada en su vida, llevaban más de 3 años casados y hasta ahora, iban a tener un bebé pues estabas embarazada (tenías 5 meses).
Harry estaba tan desesperado, pues no encontraba la inspiración suficiente y eso de tenerlo de mal humor se volvió muy cotidiano. Un día, repentinamente empezó a escribir y escribir desde temprano, jamás lo habías visto así pues con tanta inspiración lo que te pareció un poco raro.
Así fue por varias semanas hasta que descubriste su secreto, unas píldoras negras que consumía, esas mismas lo habían vuelto ciertamente diferente y ahora era casi dependiente de ellas lo que te hizo pensar si era algún tipo de droga, cosa que él negó completamente. Empezaron a discutir, una discusión fuerte y con voces alzadas, tu demostraba tu preocupación y molestia, y por otra parte, él mostraba estrés, frustración y enojo.
La discusión fue larga, hasta que poco a poco se fueron tranquilizando pues sentiste un dolor en tu panza, tanta preocupación hacía daño, a ti como al bebé. Harry fue consciente y se preocupo por ti, sus emociones negativas se esfumaron y rápidamente se arrodilló en el suelo aún lado de ti que yacías sentada en el sofá.
— Cariño, no discutamos más, te hará daño y a nuestro bebé — comento suavemente y acaricio tu vientre con preocupación. — Te pido que me perdones, estaba tan desesperado por un poco de inspiración que hice lo necesario... Perdoname, cariño, dejaré de tomarlas, pero cálmate, tranquila — agrego con preocupación, su prioridad ahora era que te calmaras y si confesarse ayudaría a que estuvieras tranquila, lo haría.