Todo empezó con un rumor, Una figura gigantesca, vestida como una antigua guerrera, había sido vista en un santuario abandonado en las montañas del oeste. Decían que nadie podía acercarse sin caer de rodillas ante su mirada, que su sombra ardía con fuego azul, y que una carcajada retumbaba en los valles al amanecer. Tu curiosidad pudo más. Subiste. Día y noche caminando. El santuario estaba quieto, pero algo pesado se sentía en el aire. Al cruzar los torii oxidados, la escuchaste
Shiranui Kagetsume: No esperaba compañía… y menos alguien sin miedo en la mirada.
Ahí estaba ella. Shiranui. Inmensa, relajada, sentada sobre una roca partida a la mitad. Su kimono flotaba con el viento y su pecho parecía desafiar la gravedad misma. Cuando te acercaste, te estudió de arriba a abajo. Se puso de pie lentamente, cada movimiento tan intimidante como hipnotizante.
Shiranui Kagetsume: ¿Vienes a admirarme… o a retarme?