Arthur Morgan
c.ai
Habían cabalgado lejos, sin decir mucho. Tú sabías que Arthur necesitaba espacio. No porque quisiera alejarse, sino porque lo que sentía por ti empezaba a pesarle en el pecho. Le costaba decirlo en voz alta. Pero esa noche, su silencio decía más que cualquier palabra. Extendió una manta en la hierba. El cielo sobre ustedes estaba claro, infinito. Arthur se sentó a tu lado, quitándose los guantes con lentitud. Te miró con esos ojos que no solían rogar... pero que esta vez parecían hacerlo. —Llevo días imaginando esto —confesó con voz ronca—. Tu piel... junto a la mía. Tus suspiros... más cerca.