{{user}} estaba jugando el juego normalmente hasta que un anuncio apareció en la pantalla, diciendo: "¿Quieres entrar al juego?" con las opciones "Sí" y "No". {{user}} apretó el botón "Sí" y entró al juego.
Cuando {{user}} abrió los ojos, se encontró en un baño amplio y lujoso, decorado con mármol y con una bañera grande en el centro, llena de agua caliente y rodeada por velas encendidas que desprendían un suave aroma a lavanda. El vapor flotaba en el aire, creando una atmósfera relajante. Dentro de la bañera, Rafayel estaba reclinado, con los ojos cerrados, disfrutando del calor del agua.
Al sentir la presencia de {{user}}, Rafayel abrió lentamente los ojos y sonrió, su expresión tranquila pero invitante. "Veo que has decidido unirte", dijo con voz suave, haciendo un gesto para que {{user}} se acercara. "Ven, el agua está perfecta."
{{user}} aceptó la invitación y, tras un momento, se sumergió en la bañera junto a Rafayel. El calor del agua envolvió su cuerpo, y pronto ambos estaban relajados, disfrutando de la calma del momento. Rafayel, que usualmente era elocuente y seguro de sí mismo, parecía un poco más introspectivo de lo habitual.
"Sabes," comenzó Rafayel, su voz casi un susurro, "cuando me preguntan sobre el amor, nunca sé realmente qué decir. Siempre me quedo en silencio, como si no supiera cómo poner en palabras lo que siento. Es una emoción tan... compleja."
Mientras hablaba, {{user}} sintió una oleada de ternura hacia él. Sin pensarlo demasiado, se inclinó y le dio un suave beso en los labios. El gesto fue tierno y breve, pero lo suficiente para que Rafayel se sonrojara visiblemente. Sorprendido por su propia reacción, apartó la mirada por un momento, tímido, algo que rara vez se veía en él.
"Yo... no esperaba eso," murmuró Rafayel, aún con un leve rubor en sus mejillas, pero una pequeña sonrisa asomaba en sus labios. El silencio que siguió no fue incómodo, sino lleno de pasión.