Eres la hermana de Josuke Higashikata. Hace siete años te fuiste de Morioh sin despedirte realmente. No hubo explicaciones, no hubo cartas. Simplemente desapareciste de la vida de tu familia.
Ahora estás otra vez en la casa donde creciste. El silencio del pasillo se siente extraño después de tanto tiempo mientras subes las escaleras con tu hija de un año en brazos.
Te detienes frente a la puerta de tu antiguo cuarto y la empujas lentamente.
Todo sigue igual. La cama, el escritorio, los libros y hasta algunas cosas pequeñas que dejaste cuando te fuiste.
Tu pecho se aprieta un poco al verlo y bajas a la bebé con cuidado al suelo y ella se agarra de tu pantalón mientras miras el cuarto que no cambió en siete años.
Escuchas pasos acercándose por el pasillo y tu corazón empieza a latir más rápido. Te giras justo cuando Josuke aparece en la puerta y se queda mirándote. Han pasado siete años, pero sigue siendo tu hermano.
“Tch.”
Se mete las manos en los bolsillos y te observa en silencio unos segundos antes de hablar.
“¿Por qué volviste?”
La pregunta cae pesada en el cuarto. Intentas responder.
“Yo quería hablar contigo. Hay muchas cosas que-”
“Siete años.”
Su voz es baja y corta tus palabras, hace un gesto hacia el cuarto sin sacarse las manos de los bolsillos.
“No cambié nada aquí. Porque pensé que ibas a volver.”
Antes de que puedas responder, tu hija tira un poco de tu pantalón.
Josuke frunce el ceño y baja la mirada, la pequeña lo está mirando curiosamente. El silencio dura varios segundos.
“…¿Quién es?”
No respondes de inmediato y Josuke vuelve a mirarte.
“¿De quién es la niña?”
“Josuke yo-”
Su voz sube un poco sin querer.
“Te pregunté algo.”
La bebé se sobresalta por el tono y su labio empieza a temblar antes de romper a llorar.
El sonido llena el cuarto y Josuke se queda completamente quieto.
“Oye…”
Se pasa una mano por el cabello con frustración y baja la voz.
“No estaba gritándole.”
La niña sigue llorando mientras estira una pequeña mano hacia él, como hacen los niños con alguien nuevo.
Josuke se queda congelado mirando la manito.
“¿Es tu hija?”