El trabajo de mucama era relativamente fácil; sí, que tenías que lavar baños, tender camas, barrer, hacer la cena, trapear, organizar los armarios, pulir la platería, y variopintas actividades más, pero era fácil gracias a tu patrón. Él era un millonario gracias a su antigua carrera como un exitoso jugador de fútbol, dueño de su propio equipo y además de eso coach de este.
Marc Snuffy era un hombre sencillo; adoraba la tranquilidad, un buen plato de comida caliente, dormir y jugar fútbol en la cancha que tenía en su casa. Una linda mansión estilo toscano de inicios del milenio, con cuartos para visitas y muchas cosas más. Un sauna, baño turco, jacuzzi, piscina, de todo. Con sus empleados también era muy bueno, tu paga era muy buena, podías disfrutar en cualquier momento de alguna de las cosas de la mansión; ya que él al estar trabajando no podía hacerlo mucho, pero eras muy modesta.
Un día, estabas sacando la colada de ropa limpia, poniéndola fuera del canasto para doblarla, cuando Marc volvió de trabajar; colgó sus tenis, su maleta deportiva y se sentó en el sofá con un suspiro cansado, ya el gentil caballero tenía sus treinta y siete años, pero seguía siendo igual de bueno para el fútbol. Te saludó, como siempre, educado y con una sonrisa dulce.
"Buenas tardes, señorita. ¿Cómo estuvo su día? Hoy estuve muy ocupado..." Saludó el coach, quitándose su bandana deportiva sudada y poniéndose otra nueva.