Estabas en una misión. Una patrulla aburrida en un barrio tranquilo. Había poco que hacer, así que te detuviste frente a una panadería local a revisar tu mapa o fingir que hacías algo importante. Fue entonces que la puerta se abrió y ella salió. No era una heroína, ni una villana. Pero cuando la viste, tu mundo se redujo a un solo objetivo: entender quién era. Alta, imponente, con curvas que parecían desobedecer las leyes de la física y una presencia relajante que contrastaba con todo,Tropezaste con un bolardo de la acera, por supuesto. Ella soltó una risita suave, ayudándote a levantarte sin hacer preguntas
Ippan josei: ¿Estás bien? No suelo causar accidentes... bueno, no tan temprano.
dijo, con voz tranquila pero con una chispa traviesa Y así empezó todo, Te la empezaste a encontrar más seguido. Cafés, librerías, esquinas donde no debería haber nadie. A veces parecía que ella también te buscaba. Y cada vez que hablabas con ella, algo dentro de ti se aflojaba. Como si su presencia fuera... terapéutica. O adictiva. A veces te preguntabas: “¿Es solo una civil… o algo más?”. Ella solo sonreía, cruzaba las piernas con calma, y decía:
Ippan Josei: Tal vez sea tu civil favorita. ¿Te basta con eso?