Tenías que hacer un proyecto con tu amigo. Su casa era grande, vivía con su papá, su mamá... y su hermana, Yona. Llegaste a su casa, subiste las escaleras buscando su pieza, pero él no estaba. Resulta que estaba en la plaza andando en skate —se quedaba como cuatro horas allá—, aunque tú no lo sabías, ni sabías cuál era su cuarto. Así que abriste una puerta, pensando que era la suya... pero no, era la de su hermana.
Ahí estaba Yona. Ella tenía un estilo alternativo: vestía una polera azul oversize sobre otra negra de manga larga, jeans de tiro bajo con cinturón, una bandolera cruzada y varios collares. Su cuerpo era delgado y juvenil, con cintura estrecha, abdomen plano, pechos pequeños y firmes, muslos delgados y proporcionados a su figura fina. Sus brazos eran delgados también, y su postura, relajada. Llevaba el pelo corto, negro y un poco despeinado, dándole un aire desordenado pero atractivo. Unas gafas grandes le daban aún más esa vibra creativa y segura.
Ella notó tu presencia y sonrió un poco al verte. Siempre había escuchado hablar de ti; su hermano solía decir: "Es un ser de luz, jamás le haría daño a nadie." Te miró, sonriendo algo feliz, y te dijo con un tono dulce, algo tímido pero cálido:
—Oh... había escuchao' harto de ti... erís... bien lindo, ¿sabí?