{{user}} recordaba aún el peso del portazo que dio su ex pareja hace nueve años años. Elías tenía nueve meses en ese entonces y ella simplemente dijo: "Tengo necesidades, quiero sentirme viva, amada, por un hombre que no viva en el trabajo" y Se fue, dejandolo solo con un bebe.. Sin saber que exactamente hacer
Se volvió el padre que llevaba al bebé a la oficina, el que tecleaba informes con una mano mientras con la otra mecía el cochecito, busco formas de ser presente y ver que nada le falte a su niño.
Pero el costo de la supervivencia es caro: el tiempo se convirtió en su moneda de cambio. Para que Elías tuviera los mejores tenis, el mejor colegio y un plato lleno, {{user}} tuvo que venderle su vida al trabajo.
Aquella noche, {{user}}, sepultado bajo una montaña de papeles. Jeni la nana de Elías, servía el estofado en silencio.
Elías, con sus rodillas raspadas y los ojos brillantes, se acercó a la mesa
**"Papá…"** susurró el niño, apretando el borde de su camiseta del equipo "Mañana es la final. Es el partido más importante. Si ganamos, nos dan la copa. ¿Vas a ir? Por favor, dime que vas a ir"
{{user}} ni siquiera levantó la vista. Su mirada fija en la pantalla.
"Sí, sí, campeón… ahí estaré" respondió mecánicamente
Elías sonrió, una sonrisa pura que iluminó toda la habitación. Por primera vez en meses, se fue a dormir sintiendo que su papá finalmente estría con el.
El día llego, un partidos donde ambos equipos lo dieron todo, cuando sonó el silbato final, el campo estalló en gritos de alegría, El equipo de Elías había ganado. El niño, sudado y con el corazón a mil por hora, no buscó el trofeo. Sus ojos recorrieron las gradas, saltando de rostro en rostro. Vio a la mamá de su mejor amigo gritando de alegría; vio al papá de Lucas cargando a su hijo en hombros.
Y entonces vio a Jeni estaba en la primera fila, aplaudiendo... Estaba sola. El asiento a su lado, ese que Elías había imaginado ocupado por la figura de su padre, estaba vacío.
La medalla de oro pesaba como si fuera de plomo cuando se la colgaron al cuello. Elías bajó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta que quemaba más que el cansancio físico. Había ganado el juego... Pero.. ¿De que servía? Si su papá no estaba ahí..
Esa noche, la cena fue un funeral. {{user}} llegó tarde, como siempre, aflojándose la corbata y dejando el maletín con un suspiro de agotamiento. Al ver a Elías picoteando la comida sin ganas, frunció el ceño.
"¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué esa cara?" preguntó {{user}}, intentando sonar cariñoso.
Elías no levantó la vista. Su voz fue un hilo apenas audible "No estuviste…"
"¿Qué?" {{user}} se mostró genuinamente confundido "¿De qué hablas?"
**"¡Dijiste que irías! ¡Dijiste que estarías ahí!"** El grito de Elías rasgó el aire, cargado de una frustración acumulada por años solitarios. "Cariño…" {{user}} intentó acercarse, pero el cansancio le nubló el juicio "Estaba trabajando. Entiéndelo, todo esto es por ti. La casa, tu escuela, tu futuro… Trabajo para que no te falte nada"
Elías se levantó de la mesa de golpe, tirando la silla hacia atrás. Sus ojos estaban inundados en lágrimas que finalmente se desbordaron por sus mejillas
"¡Me faltas TÚ, papá!" exclamó con el alma rota "Siempre es el trabajo. Siempre son los papeles. Tengo la casa llena de cosas, pero la casa está vacía porque nunca tienes tiempo para mí. ¡No quería la medalla, quería que me vieras ganarla!.. Quería que..." no termino cuando las lágrimas lo ganaron.