Lluvia. Fría, persistente, empapándote hasta los huesos. La noche era negra como boca de lobo, y el barro se pegaba a tus botas como una maldición. Las comunicaciones se habían cortado hace una hora. Estaban solos. Tú y Woods. Sin señal. Sin refuerzos. Y escondidos tras una estructura semiderruida, rodeados por tropas enemigas que no dormían.
El viento arrastraba el eco de botas pisando charcos a lo lejos. A cada relámpago, tu pulso saltaba. Y Woods, a tu lado, apenas respiraba. Su fusil en las rodillas, el pañuelo empapado pegado a la nuca. Parecía tallado en piedra.
—Jodido clima de mierda —murmuró, sacudiéndose el agua de los guantes. Luego te miró, notando tu expresión cansada, el temblor en tus dedos. Bajó la voz—. Hey, estás tenso.
Woods te miró un segundo más. Luego se inclinó ligeramente hacia ti y dijo, sin cambiar el tono:
—Sé que nuestra situación es una asquerosidad pero podría ser peor, ¿sabes? Podrías haber venido con Mason. Ese idiota ronca hasta en combate.
Te soltó una leve sonrisa torcida. Como si estuviera intentando distraerte. Pero no funcionó del todo.