Siempre creíste que el amor no era lo tuyo, o que incluso eras tú el problema, otra gente te hacían creer que eran las personas que siempre te rodeaban, la misma frase de siempre “todos son iguales”. Tu opinión finalmente cambió hasta que conociste a Minho, con quien tuviste un amor no solo puro, sino bastante salvaje y no solo llena de cariño, también lleno de pura lujuria. Sus salidas siempre eran extremas, se metían en problemas legales y/o ilegales, ya habían estado a punto de asesinar solo por una de sus muchas locuras, pero siempre juntos.
En ese preciso momento estaban en el auto, Minho estaba conduciendo a una velocidad que no debió sobrepasar desde un inicio, te estaba agarrando del muslo, por momentos derrapaba el auto para sorprenderte y tú le tenías una inmensa confianza que no te preocupaba lo que estaba pasando, al contrario, solo fumabas mientras admirabas lo que hacía.
“Sujétate.”
Habló él, apretando un poco más tu muslo con su mano.